El mundo de la moda ha llegado a un punto de ironía terminal. Ahora, los hijos de familias adineradas adoptan la estética de los barrios trabajadores, usando prendas diseñadas para parecer precarias mientras graban videos idealizando cafeterías de menú barato para sentirse más "auténticos".
Esta tendencia de apropiación de la pobreza convive con el regreso del estilo "prep-core". Las calles se han llenado de mocasines, faldas de tenis y jerséis cruzados sobre los hombros, una estética de universidad gringa que las marcas de moda rápida ya están vendiendo en masa.
Para completar el cuadro de confusión temporal, algunos jóvenes han guardado su Apple Watch para usar relojes de bolsillo inspirados en Peaky Blinders. El interés por lo clásico llegó al punto de lanzar el modelo 'Royal Pop', una colaboración entre Swatch y Audemars Piguet que, como todo lo caro, terminó en manos de revendedores.
Mientras tanto, la fiebre por las zapatillas exclusivas ha muerto. De acuerdo con un informe de Baller Status, la reventa de modelos Jordan cayó del 58% en 2020 al 47% en 2026. Resulta que mantener los tenis impecables ahora se considera un hábito anticuado, propio de los millennials.
En su lugar, triunfa el "gorpcore", que consiste en usar ropa técnica de senderismo y calzado deliberadamente feo para caminar por la ciudad sin intención alguna de subir un cerro.
Nada dice mejor "tengo dinero" que gastar miles de pesos en ropa que grita que no tienes ni para el camión.