El optimismo nacional ha encontrado un nuevo refugio en tres palabras: «¿Y si sí?». La frase, que ya saltó de las pantallas a las gradas en el partido contra Ecuador, funciona como un mecanismo de defensa colectivo para evadir décadas de resultados mediocres y soñar con una Copa del Mundo que nadie sabe cómo conseguir.

El fenómeno alcanzó su punto máximo en TikTok e Instagram, donde se viralizaron videos editados con la canción Hasta que te conocí de Juan Gabriel, envolviendo la falta de resultados en una capa de melodrama musical.

El origen de esta filosofía no viene de un estratega brillante, sino de un ex director técnico de los Pumas. Efraín Juárez lanzó la pregunta durante una rueda de prensa de la liguilla del Clausura 2026 al ser cuestionado sobre las posibilidades de su equipo de ganar la corona. El técnico, que ya no pertenece al cuadro universitario tras perder la final contra Cruz Azul, accidentalmente fundó la escuela del pensamiento deseable sobre el real.

Mientras la afición corea el lema en los estadios, algunos sectores se han tomado la molestia de debatir la ortografía del grito. La Real Academia Mexicana —o quien sea que esté vigilando los hashtags— recuerda que el último «sí» debe llevar tilde diacrítica para funcionar como afirmación y no como una condición, aunque para el fanático promedio la gramática es un detalle menor frente a la urgencia de creer en el milagro.

La estrategia es simple: si no hay datos que respalden la victoria, basta con preguntarse si podría pasar.

Al final, el «¿Y si sí?» es la herramienta perfecta para no tener que responder «¿por qué no?».