El King's College de Londres analizó a 4.3 millones de estudiantes nacidos entre 1990 y 1997 para entender por qué algunos terminan con un diploma y otros con un expediente penal. Los resultados son claros: si tus calificaciones empiezan a bajar mientras las de tus amigos suben, hay una probabilidad considerable de que tu siguiente salón sea una celda.
La investigación, publicada en el Journal of Developmental and Life-Course Criminology, detectó que los alumnos con un rendimiento "en declive" son los más vulnerables. De hecho, uno de cada tres estudiantes en este grupo recibió una condena o amonestación antes de terminar la secundaria.
Para los académicos, que las notas bajen no es solo un problema de falta de estudio, sino una "señal" de que algo anda mal en la vida del chavo, ya sea por salud mental, broncas en casa o amistades cuestionables. Según la doctora Alice Wickersham, estas bajas calificaciones son ventanas de oportunidad para intervenir antes de que el alumno decida que es más fácil robar que hacer la tarea.
El estudio también observó a los alumnos que siempre fueron malos estudiantes. Aunque también tienen más riesgo de delinquir, no tanto como los que empezaron bien y luego se desplomaron. De hecho, si un alumno que empezaba abajo lograba mejorar su desempeño, su probabilidad de terminar en la cárcel bajaba drásticamente.
El profesor Stephen Scott sugirió que grupos de apoyo para padres con niños de hasta 12 años podrían reducir el comportamiento antisocial y ayudar a que los niños no vean la delincuencia como su única opción de carrera profesional.
Parece que el álgebra es el único muro que separa a un ciudadano ejemplar de un presidiario.