Mientras el resto de las especies se desgastaban intentando adaptarse, desarrollar lenguaje o inventar la rueda, los cocodrilos decidieron que su configuración cerebral de hace 100 millones de años ya era perfecta y no le moverían ni un tornillo.

Investigadores del Museo Sueco de Historia Natural utilizaron escaneos de alta resolución para reconstruir la anatomía interna de cráneos fósiles y de ejemplares actuales. El resultado es una lección de minimalismo cognitivo: la neuroanatomía de estos animales se ha mantenido casi intacta a pesar de los cambios climáticos y las extinciones masivas.

Paul M.J. Burke, investigador postdoctoral del museo, señaló que los cerebros de los cocodrilos apenas han cambiado en un siglo de millones de años. Según el experto, es como si hubieran encontrado una fórmula que funcionaba y simplemente se hubieran quedado ahí.

El estudio también sirvió para resolver el rompecabezas de los cocodrilos de hocico largo, como los extintos toracosaurios. Gracias a las imágenes digitales, los científicos pudieron notar que, aunque por fuera se veían iguales, sus cajas craneanas y estructuras sensoriales tenían diferencias que permiten clasificarlos mejor en la historia evolutiva.

A pesar de que hoy solo viven en los trópicos, los fósiles demuestran que estos animales estuvieron en casi todo el mundo. Básicamente, cualquier país que se nombre probablemente tiene un cocodrilo enterrado esperando a ser descubierto.

La ciencia concluye que el linaje sobrevivió a la extinción masiva del Cretácico-Paleógeno gracias a una estabilidad anatómica envidiable y a un cerebro que se niega a complicarse la vida.

El éxito evolutivo consiste en no pensar en nada.