El hallazgo ocurrió cerca de Gerstewitz, en Sajonia-Anhalt, durante las excavaciones para una nueva línea eléctrica. Mientras los ingenieros buscaban dónde poner cables, los arqueólogos se toparon con un integrante de la cultura de la Cerámica Cordada que no terminó en una fosa común, sino en una estructura de dos cámaras subterráneas diseñada para cocinar.

El joven fue colocado siguiendo el manual de estilo de su época: acostado sobre el lado derecho, con las piernas flexionadas y mirando hacia el sur. Todo parecía un funeral estándar, excepto por el hecho de que lo metieron en un horno.

Para añadirle drama al asunto, el cráneo presenta una fractura por un golpe considerable. Los especialistas de la Oficina Estatal para la Gestión del Patrimonio y Arqueología de Sajonia-Anhalt no saben si el golpe lo mató o si ya traía el chichón de antes, pero la combinación de "golpe en la cabeza" y "entierro en horno" ha hecho que los investigadores consideren la posibilidad de que el sujeto haya sido un sacrificio humano.

El cuerpo estaba ligeramente desplazado, probablemente porque lo pusieron sobre ramas o pieles que se pudrieron con los siglos, dejando al individuo en una posición incómoda durante los últimos cinco milenios.

Ahora toca esperar los análisis de laboratorio para saber si fue un crimen, un ritual o simplemente un error de logística prehistórica.

Hasta hoy, el joven sigue sin dar explicaciones.