El músico llega a Montevideo este sábado como parte de su gira "Last Latinoamerican Run", trayendo consigo no solo su catálogo de heavy metal, sino una serie de leyendas personales que rozan lo anatómicamente imposible.

Entre las historias que rodean al artista, destaca la supuesta proeza gestual de no haber parpadeado desde el año 1973. Según la narrativa de la banda, este sacrificio ocular es fundamental para sostener la atmósfera perturbadora y el aura oscura que define al grupo.

Mientras los fans esperan el concierto de despedida, la historia de Liebling sigue funcionando como una herramienta de marketing basada en el absurdo y la resistencia física.

El cantante lleva 51 años evitando que sus párpados se toquen.