El sistema financiero está nervioso. Mientras que la mora general del sector privado trepó al 7% a principios de 2026, los banqueros aseguran que ese número es una mentira estadística que los arrastra al fondo junto con las billeteras virtuales.

Según los directivos de la banca, existe un "efecto de arrastre" muy sencillo: un cliente con historial impecable en el banco decide pedir un microcrédito en una app con una tasa anual que supera el 150%. El cliente, obviamente, no puede pagar, entra en mora con la fintech y termina contagiando su incapacidad de pago al banco tradicional.

Para los banqueros, esto es una contaminación de datos. Mientras la mora en entidades no bancarias alcanzó un escandaloso 33% en junio de 2026, la mora "propia" de los bancos más grandes se mantiene entre el 4% y el 6%.

El problema es que las normas de la SEC en Estados Unidos les impiden desglosar esta diferencia en sus balances oficiales. Así que los bancos argentinos cotizando en Nueva York tienen que aceptar que el mundo los vea como Entities con problemas de cobro, solo porque sus clientes se entusiasmaron con las apps de préstamos fáciles.

Ante el pánico reputacional, la banca ya le pidió al Banco Central que separe los indicadores. Quieren que el regulador admita que no es lo mismo un crédito hipotecario que un préstamo relámpago de una financiera chica que opera con una transparencia cuestionable sobre el costo financiero total.

La solución no será una amnistía, pues los bancos temen que si perdonan una deuda, la gente se acostumbre y deje de pagar por deporte.

El sector bancario insiste en que el problema es que las apps modernas contaminan los datos, aunque el cliente sea el mismo que no puede pagar.