Zhong Yufei, un actor chino de 23 años que buscaba su primer gran papel, descubrió que el precio de la fama era soportar el acoso de su coprotagonista. La mujer, que resultó ser la única inversionista del proyecto, utilizó su poder financiero para imponer sus deseos sobre el equipo de producción.
La inversionista estableció dos reglas básicas para soltar el dinero: ella debía ser la actriz principal y tenía la última palabra en el guion. Gracias a que podía cancelar la serie en cualquier momento, nadie en el set se atrevió a cuestionar sus decisiones, por más absurdas que fueran.
Entre sus exigencias destacó la inclusión de más de 60 escenas de besos. A pesar de que el director y el equipo técnico le advirtieron que tal cantidad de contacto físico rompería el ritmo de la trama y sacaría al público de la historia, la mujer ignoró los consejos alegando que había visto más dramas cortos de los que ellos habían filmado.
Zhong Yufei relató que quedó impactado durante la primera escena romántica cuando la actriz lo besó apasionadamente. Según el joven, al intentar retroceder, ella lo sujetó de la cabeza con una mano para mantenerlo en su lugar y forzar el beso. El actor no se opuso en su momento por miedo a perder la oportunidad laboral y por la indiferencia del resto del equipo.
El resultado artístico fue un desastre comercial. Meng Xing, productor de la serie, reveló que la plataforma de streaming rechazó la obra durante la postproducción. Los evaluadores determinaron que el contenido era demasiado explícito y violaba las regulaciones debido al exceso de besos.
Tras el fracaso del proyecto y las críticas al guion, el equipo de producción decidió romper el silencio para aclarar que no tuvieron voz ni voto en la creación de la serie.
La plataforma no aceptó los episodios por exceso de besos.