El neurólogo queretano, miembro de la oligarquía local, casado y padre de cuatro hijos, llevó una doble vida durante al menos una década. Mientras en público mantenía el prestigio profesional, en su consultorio utilizaba su posición de poder para someter a hombres de entre 60 y 85 años.

La fiscalía de Querétaro busca la pena máxima por violación agravada y abusos sexuales. Tres víctimas ya rompieron el silencio, aunque se sospecha que hay más pacientes que no han denunciado o que ya fallecieron.

Uno de los afectados, un militar pensionado y exguardia de seguridad, relató que los abusos comenzaron en 2017 tras salir de un coma inducido. Durante dos años, el doctor lo citaba a solas en el cuarto de exploración, donde le ordenaba quitarse la ropa para realizar tocamientos genitales sin consentimiento.

La víctima confesó que, debido a sus lesiones cerebrales y a los medicamentos anticonvulsivos que el mismo médico le recetaba, llegó a dudar de su propia percepción y llegó a pensar que lo que sentía eran efectos secundarios del tratamiento.

El caso ha sido calificado como una traición al juramento hipocrático, donde el médico aprovechó la vulnerabilidad física y cognitiva de sus pacientes para ejercer un rol dominante.

Al final, el disfraz de emperador romano resultó ser la representación más honesta de su práctica médica.