El hombre que puso en jaque a la seguridad europea no solo luchaba contra el imperialismo, sino contra su propia anatomía. Según el libro The Jackal de Joby Warrick, Carlos era un vanidoso profesional que prefería los hoteles de lujo, las cartas de vinos seleccionadas y caminar con una mujer a cada lado.
Sin embargo, su marca personal sufrió un golpe crítico en 1975. La Interpol difundió una fotografía suya en blanco y negro que se volvió el retrato más reconocible de la época. El problema no era solo que la imagen arruinaba sus tapaderas, sino que el terrorista consideraba que en la foto se veía "rellenito" y con un parecido lamentable a una rana.
Para solucionar este agravio estético, el sujeto se sometió a una cirugía plástica para aplanarse el pecho, ya que odiaba su volumen desde que era niño y lo llamaban "El Gordo".
Mientras se preocupaba por su silueta, Carlos mantenía una agenda laboral bastante activa. En Londres, disparó a la cara del dueño de Marks & Spencer en un baño público; en París, lanzó una granada contra compradores en una calle elegante y disparó misiles tierra-aire contra aviones de El Al desde el techo de una terminal.
El terrorista también destacó por su capacidad de organizar secuestros masivos, como el de la OPEP en Viena, transformando la violencia en un espectáculo televisado para todo el mundo.
A pesar de presentarse como un humanista y enemigo del sistema, Carlos no podía resistir los encantos del lujo occidental ni el deseo de verse bien en el espejo.
La cirugía plástica fue su única inversión en bienestar personal.