La muestra, curada por Kees Moeliker y producida por Bart Aalbers, reúne a diversos roedores e insectívoros que, movidos por el hambre o la curiosidad, chocaron frontalmente con la infraestructura humana de las maneras más absurdas posibles.

Entre las piezas destacadas se encuentra un ratón de campo que quedó momificado dentro del mango de un rodillo para pintar, un ejemplar que terminó ahogado en aceite de oliva y otro que fue electrocutado en una estufa.

La mala suerte de los animales no distinguió lugares. Los hallazgos provienen de salones de clases, dormitorios estudiantiles, garajes, tableros eléctricos y hasta de las Casas del Parlamento de los Países Bajos.

La colección incluye también a un roedor que quedó aplastado entre los discos de freno de un vehículo y otro que terminó enredado en una red de limones orgánicos.

La exhibición estará abierta al público hasta el 25 de octubre de 2026.

Hasta ahora, ninguno de los ratones ha reclamado su derecho a la privacidad.