El balance de este verano en Puebla es, según el Consejo de Comerciantes del Centro Histórico, "aceptable", si es que se acepta que las ventas bajaron drásticamente comparadas con años anteriores. El problema no es la falta de gente, sino que los vacacionistas nacionales y extranjeros han perfeccionado el arte del turismo fotográfico: entran, posan y se van.

José Juan Ayala Vázquez, presidente del Consejo, explicó que la situación es preocupante. De cada diez clientes que entran a los locales, solo cuatro compran, y generalmente se llevan lo mínimo.

El fenómeno afecta principalmente a las tiendas de artesanías, souvenirs y dulces típicos, donde el consumo ha caído al 30%, cuando lo normal para la temporada sería un alza del 50%. Los locatarios han intentado combatir el desinterés con promociones permanentes, pero parece que el descuento no es suficiente para convencer al turista de soltar la cartera.

En el Centro Histórico hay unos 10,000 negocios y cerca de 3,500 dependen directamente del turismo. De las 95 manzanas de la zona, hay 40 que están repletas de gente, aunque los dueños de los locales ya no saben si son clientes o simplemente personas buscando el mejor ángulo para su Instagram.

Ahora los comerciantes buscan una estrategia junto con las autoridades para que la afluencia de personas se traduzca en dinero y no solo en almacenamiento en la nube.

El turista llega, se toma la foto y se va sin dejar ni un peso.