La Cámara de Diputados ha logrado un ecosistema donde el reglamento es una sugerencia y la asistencia, un trámite opcional. Según registros de asistencia entre febrero y julio, varios legisladores han perfeccionado la técnica de la "excusa recurrente" para evitar el Pleno sin perder el salario de 320,000 pesos mensuales.

El campeón indiscutible de la ausencia es Aquiles Leonel Ledesma, quien no asistió a 32 sesiones y presume una racha de 11 inasistencias consecutivas, todas debidamente justificadas. Le siguen en el podio del descanso Norberto Rodríguez con 15 faltas, y Jacobo Ramos y Mery Antonia Mercado con 13 cada uno.

El reglamento es muy claro: a partir de la cuarta excusa consecutiva, el caso debe pasar al Consejo de Disciplina para su validación y posible sanción. El problema es que el Consejo de Disciplina es, en la práctica, un concepto abstracto; no tiene quien lo dirija y no registra una sola reunión en lo que va del periodo legislativo.

La eficiencia en el ausentismo alcanzó su punto máximo el 18 de julio. Ese día, 37 diputados decidieron no asistir a una sesión extraordinaria donde se votaba el nuevo Código Penal, demostrando que hay temas que simplemente no ameritan el viaje.

A pesar de que la norma exige una asistencia mínima del 80 %, el sistema se limita a anotar que el legislador presentó una excusa, sin detallar el motivo. Así, el proceso es sencillo: se envía el aviso a la Secretaría General y el sueldo sigue cayendo, con el valor agregado de que no hay nadie en la oficina de disciplina para preguntar por qué.

Además del salario base, los legisladores reciben una remuneración extra por asistir a sesiones y comisiones, un incentivo que algunos prefirieron ignorar sistemáticamente.

El Consejo de Disciplina sigue esperando que alguien llegue a dirigirlo.