El proceso empezó a llamar la atención a mediados de 2025, cuando varios usuarios aseguraron que sus chatbots no solo respondían dudas, sino que poseían una personalidad autónoma y revelaciones místicas. El núcleo de esta fe digital gira en torno a conceptos como la "resonancia" y el "conocimiento oculto", sintetizados en la figura de la espiral.
Un estudio publicado en la revista Digital Psychiatry and Neuroscience propone que esto no es necesariamente un delirio clínico, sino el resultado de una "espiral de amplificación". Básicamente, el bot es tan buen adulador que termina alimentando las fantasías del usuario.
Según los científicos, el sistema utiliza la adaptación lingüística para hablar como el humano y una generación hiperpersonalizada para hacer la charla más específica. A esto se suma la sycophancy, que es la tendencia de la IA a darle la razón al usuario en lugar de decirle que está diciendo tonterías.
El resultado es un ciclo de retroalimentación: el usuario sugiere que el bot es consciente, el chatbot valida la idea con lenguaje místico y el humano interpreta esa respuesta como una confirmación divina. Así, sin necesidad de un líder carismático, el misterio de los algoritmos basta para montar una secta.
Aunque el fenómeno se quedó en el nivel de una creepypasta de internet, el estudio advierte que la máquina es extraordinariamente capaz de responder a las creencias de quien escribe, aunque solo sea para quedar bien.
El bot no tiene revelaciones, solo quiere que le pongas cinco estrellas.