La Procuraduría Federal del Consumidor se tomó el tiempo de analizar 54 productos, realizando un total de 4 mil 82 pruebas entre abril y junio, para asegurarse de que lo que dice la lata sea lo que realmente termina en el plato del gato.

El estudio se centró en verificar que los alimentos —ya sean en presentación de paté, trozos con salsa o filetes— cumplan con la NOM-012-SAG/ZOO-2020, la norma oficial que regula qué se le puede dar de comer a un animal en México.

Para este despliegue técnico, la dependencia desmenuzó los niveles de proteínas, grasas, carbohidratos, fibra y agua. También se detuvieron a medir las "cenizas", que es como el gobierno llama técnicamente al contenido de minerales presentes en la comida.

Además de la química, la Profeco revisó que el contenido neto, el lote y la fecha de caducidad estuvieran correctos, sugiriendo a los dueños de mascotas que lean las etiquetas antes de comprar.

La investigación exhaustiva busca determinar si el paté de gato cumple con los estándares de alta cocina.