En el Peloponeso, entre ruinas comidas por la hiedra y calles empedradas, las hermanas Agnes y Elisabeth decidieron que la moda contemporánea no era suficiente. Para ellas, la mejor forma de combatir el olvido de Mistrás, el último bastión del Imperio bizantino, era vestir como si el calendario se hubiera quedado trabado en el siglo XV.
El proyecto no fue un capricho de costura, sino una operación de arqueología textil. Las monjas analizaron miniaturas de manuscritos, iconos, retratos funerarios y hasta fragmentos de tela rescatados de tumbas para entender cómo se vestía la gente antes de que el sultán Mehmed II se quedara con el lugar.
Para que el resultado no pareciera un disfraz de fiesta temática, las religiosas recurrieron a la Sastrería de la Ópera Nacional de Grecia. Los expertos confeccionaron 19 trajes completos que abarcan desde la opulencia de los emperadores y nobles hasta la sencillez de los ciudadanos corrientes y los eruditos.
Según la hermana Agnes, el objetivo es mostrar el lujo y la riqueza de colores de la indumentaria tardobizantina para acortar la distancia con el pasado. Las religiosas se definen como un eslabón de la cadena del tiempo, aunque en la práctica se vean como personajes que escaparon de un fresco antiguo.
Después de diez años de investigación, las monjas ya están listas para el desfile.