La duquesa de Sussex aterrizó en el set del reality culinario con la misión de juzgar a los concursantes, aunque terminó siendo juzgada por el staff. Según testimonios difundidos por el portal RadarOnline y el podcast The Nerve, trabajar con la esposa del príncipe Harry fue una experiencia asfixiante y hostil.
El equipo técnico describió un clima de trabajo tan tenso que no dudaron en compararlo con los días más oscuros del programa de Ellen DeGeneres, famoso por sus denuncias de acoso sistemático. Los camarógrafos y el talento del show reportaron que la invitada de honor perdió el profesionalismo cada vez que las cámaras se apagaban.
El conflicto escalaba especialmente en los cortes comerciales y las pausas para comer. Según el periodista Rob Shuter, la duquesa se ponía difícil y confrontaba directamente a los productores ejecutivos cuando intentaban darle indicaciones básicas de bloqueo o marcarle sus tiempos de entrada.
A la actitud controladora se sumó una desconexión total con el programa. Fuentes internas revelaron que Markle desconocía las reglas básicas de MasterChef y no sabía siquiera cuánto duraba la emisión. El equipo de producción tuvo que guiarla paso a paso por el escenario para que no se perdiera.
Una de las fuentes anónimas relató que la trataron casi como si necesitara un perro guía.
Para rematar la jornada, el príncipe Harry apareció mediante una videollamada sorpresa, un movimiento que la audiencia calificó como un montaje publicitario para intentar limpiar la imagen de la pareja.
La duquesa llegó a juzgar la cocina, pero no pudo cocinar un ambiente laboral decente.