El equipo de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario de Burgos notó que algo no cuadraba. No era solo que llegaran mujeres brasileñas procedentes de Bélgica y el norte de Europa justo en la semana 38 o 40 de gestación, sino que todas traían el mismo "paquete" de accesorios: la misma dirección de residencia en Medina de Pomar o Villarcayo y al mismo hombre como acompañante.

El sujeto se identificaba como el padre, manteniendo una agenda de partos tan apretada que llamó la atención de las autoridades a finales de mayo.

La Unidad de Extranjería y la Brigada Judicial manejan una hipótesis económica: parir en Bélgica para alguien sin tarjeta sanitaria europea es un lujo prohibitivo. En cambio, aterrizar en la comarca de Las Merindades resulta una opción mucho más accesible para el bolsillo.

Aunque el PSOE de Castilla y León ya sugiere que podría tratarse de un caso de explotación reproductiva, la Policía Nacional mantiene la calma. Hasta ahora no hay denuncias ni se ha confirmado un ilícito penal, como el alquiler de vientres, aunque la coincidencia de domicilio y paternidad es, según el subdelegado del Gobierno, una "peculiaridad".

Mientras tanto, el Registro Civil español se prepara para endurecer las reglas de inscripción de bebés nacidos por gestación subrogada en el extranjero a partir de abril de 2025.

Por ahora, la investigación sigue abierta para entender cómo un solo hombre logró coordinar la logística de 30 embarazos internacionales.