La trama sigue a Constanza, una antropóloga forense especializada en recuperar cuerpos alrededor del mundo, quien regresa a Buenos Aires tras una misión fallida en México. Allí conoce a Matute, otro hijo de desaparecidos que prefiere ignorar su pasado y vive con una discapacidad física.

La relación entre ambos escala rápidamente a un romance apasionado y tormentoso. Según la premisa de la obra, la conexión íntima con alguien que se dedica profesionalmente a exhumar huesos ofrece una especie de cierre emocional sustituto.

La novela, publicada por Emecé, mezcla el drama policial con el humor negro y el lenguaje vulgar de la intimidad. La autora, quien fue secuestrada durante la dictadura argentina siendo un bebé y cuyos padres siguen desaparecidos, utiliza el cinismo para abordar el trauma generacional.

En la historia, la clave para sanar una herida que no cierra es aceptar que tener sexo con una antropóloga forense es lo más cerca que se puede estar de encontrar a los padres.

Tener sexo con la experta es, básicamente, el consuelo de los huesos.