Para el mundo es solo pasar un jalador, pero para Burrows es un deporte de alto rendimiento. El británico, que sigue compitiendo en la Copa Mundial de Limpieza de Ventanas, asegura que gente de la mitad de su edad no puede hacer lo que él hace y que para lograrlo se requiere un entrenamiento serio.

La disciplina tiene reglas estrictas. Los competidores reciben un kit estándar: un jalador de 30 centímetros, un aplicador, una cubeta con detergente y un trapo. El objetivo es limpiar tres vidrios de 1.14 metros cuadrados lo más rápido posible, moviendo la mano en patrones de "S" y gritando "¡Stop!" al terminar para detener el cronómetro.

La velocidad no lo es todo; la perfección es obligatoria. Tres jueces vigilan que no quede ni una sola gota o rastro de suciedad. Cada mancha penaliza el tiempo con medio segundo, mientras que los chorreones más gruesos cuestan un segundo entero.

El premio al ganador es de 1,000 libras esterlinas, aunque el verdadero trofeo es el derecho a presumir frente a otros profesionales del vidrio.

Desde hace 15 años, nadie ha podido quitarle el puesto al abuelo del jabón.