Mientras que en el resto del mundo antiguo la receta del éxito consistía en concentrar la lana en unas cuantas manos, Mohenjo-daro decidió ignorar el manual. Según la investigación publicada en la revista Antiquity, esta ciudad de 4,000 años de antigüedad se volvió más productiva y exitosa a medida que su sociedad se volvía más igualitaria.
El Dr. Adam Green, autor principal del estudio, señaló que los datos muestran un fenómeno inaudito para la época: conforme la ciudad maduraba, la diferencia de tamaño entre las casas más grandes y las más pequeñas se reducía. Para sus últimos años, la brecha de riqueza en este enorme centro urbano había bajado a niveles típicos de las primeras aldeas agrícolas.
El contraste con sus vecinos es total. Mientras los egipcios se desgastaban construyendo pirámides para reyes-dioses y los griegos levantaban palacios masivos en Knossos, los habitantes del Indo prefirieron invertir en cosas útiles, como drenajes de ladrillo sofisticados y un trazado de calles organizado.
En lugar de tumbas llenas de oro o templos monumentales, Mohenjo-daro apostó por la infraestructura compartida. Los sellos utilizados para el comercio, que normalmente estarían guardados en edificios públicos o palacios bajo el control de una élite, fueron encontrados distribuidos en casas comunes.
La ciudad no tiene rastros de palacios ni de una clase gobernante que monopolizara la autoridad. En su lugar, implementaron un sistema estandarizado de pesas y medidas para que el comercio fuera justo y consistente para todos los residentes.
Parece que el modelo de cooperación y servicios públicos funcionó demasiado bien.
Hasta hoy, no se ha encontrado el palacio donde el rey guardaba el oro.