El gobierno de Donald Trump decidió que el peligro ya no solo está en los misiles o el software espía, sino en los aparatos que recogen las migajas de la sala. La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) confirmó que la prohibición aplica a cualquier equipo capaz de moverse, evitar obstáculos y conectarse a internet que pese al menos dos kilos.
Aunque la medida no menciona nombres, el golpe es directo al hígado de China, principal fabricante de los robots que barren las casas norteamericanas. Según la FCC, depender de tecnología extranjera para tareas robóticas crea "vectores de ataque" que podrían manipular los datos y el funcionamiento físico de los sistemas.
El pánico institucional abarca desde robots humanoides y cuadrúpedos hasta los dispositivos que cortan el pasto y los que entregan paquetes a domicilio. Para la administración, es vital tener una cadena de suministro nacional segura para evitar que la infraestructura crítica —y presumiblemente la limpieza del hogar— quede en manos ajenas.
Quienes ya tienen un robot aspirador en casa no necesitan esconderlo en el clóset ni esperar una redada del FBI. El veto aplica solo a modelos futuros que aún no tengan autorización de venta. Los aparatos que ya están circulando podrán seguir operando y recibiendo actualizaciones de software hasta enero de 2029.
Incluso las empresas que ensamblen sus robots en Estados Unidos tendrán que pedir permisos especiales si sus máquinas traen demasiadas piezas extranjeras.
Al parecer, el polvo de las casas estadounidenses es ahora un asunto de seguridad nacional.