El problema es serio. En 2020, el 70 por ciento de los koalas que llegaron al hospital de vida silvestre de Currumbin, en Queensland, resultaron positivos a clamidia, según veterinarios de la Universidad de Tecnología de Queensland.

Se cree que los animales contrajeron la infección, en parte, por el contacto con ganado doméstico. El resultado es una crisis de salud pública animal que ha puesto en peligro a la especie en varios estados de Australia.

Para solucionar el asunto, los investigadores pasaron la última década vacunando a cientos de ejemplares silvestres. El proceso era tedioso: capturaban al koala para la primera dosis y tenían que volver a cazarlo un mes después para el refuerzo.

Para evitar el estrés de perseguir animales, desarrollaron un implante que se degrada solo después de 30 días y libera la segunda dosis automáticamente. Una koala llamada Bamse fue la primera en probar el dispositivo y el chequeo posterior confirmó que quedó libre de la infección.

Michael Pyne, veterinario senior del hospital de Currumbin, señaló que es crítico desplegar la vacuna de forma masiva en las poblaciones en riesgo debido a la devastación que la enfermedad ha causado en el sureste de Queensland y Nueva Gales del Sur.

La tecnología ya despertó el interés de grupos ganaderos, quienes consideran que el implante sería un cambio radical para reducir el esfuerzo de vacunar al ganado.

Mientras tanto, los humanos seguimos esperando una vacuna contra la clamidia.