La heladería Calle del Medio era, básicamente, el último refugio de quienes querían una bola de helado a 50 pesos sin tener que hipotecar la casa. Ahora, el local dejará de servir postres para convertirse en un centro de quioscos de productos variados, una oferta que, según los vecinos, ya sobra en las calles de la ciudad.
El artista Adrián Socorro Suárez describió el sitio como una "mariposa hermosa en medio de un basurero horrendo" y calificó la decisión de infame. El problema es que, mientras el Estado despeja el camino para los merolicos, el helado se volvió un artículo de lujo extremo.
Actualmente, la producción quedó en manos de mipymes e intermediarios que han inflado los precios hasta el delirio. Un pote de 900 gramos puede costar 1,500 pesos, lo que representa una cuarta parte del salario estatal promedio.
Para complementar el panorama, la fábrica privada Helados Alask decidió lanzar una campaña publicitaria donde dividía a la población entre quienes podían pagar sus productos y quienes no, un gesto que los clientes calificaron como una burla directa a la crisis económica.
Mientras el arroz y el aceite suben a diario, el gobierno de Matanzas decidió que lo más urgente era sustituir el helado barato por más puestos de venta informal.
Ahora solo falta que los quioscos vendan helados.