La medida llegó vía orden ejecutiva, exigiendo que los funcionarios federales coloquen "señalización temporal" en los senderos públicos. El objetivo es notificar que las exhibiciones deben renovarse para reflejar, según el mandatario, "información precisa" sobre la historia de su país.
El movimiento ocurrió justo después de que la directora del recinto, Anthea Hartig, compareciera ante un subcomité de la Cámara de Representantes. Ahí, el legislador republicano Tim Burchett soltó que la institución se ha "contagiado de una ideología woke" por atreverse a resaltar la opresión en Estados Unidos.
Para sustentar el despliegue de letreros, la Casa Blanca se apoya en un informe de 162 páginas publicado en marzo. El documento acusa al museo de no darle suficiente protagonismo al "papel constructivo de la creencia cristiana".
Hartig respondió que el informe no caracteriza de forma justa ni precisa la labor del museo, pero la orden presidencial ya está en marcha. Es el capítulo más reciente de una campaña donde el presidente ha rebautizado monumentos y renovado instituciones culturales a su gusto.
La Smithsonian sigue revisando el reporte mientras los visitantes esperan las instrucciones de uso.