El simposio, que pretendía abordar la "historia de la toalla", terminó siendo un campo de batalla intelectual donde se discutió desde la influencia de las termas romanas hasta la relación entre los textiles y el arte contemporáneo.

El evento alcanzó niveles de surrealismo académico cuando uno de los ponentes, invitado por error debido a una confusión de un becario en Estambul, intentó justificar su presencia lanzando teorías sobre "performances post-situacionistas monocromático-textiles".

Durante las sesiones, el debate escaló hacia una genealogía hídrica que pretendía conectar a Tales de Mileto con el cuidado de sí mismo, mientras el ponente improvisado aseguraba, con voz senatorial, que el ser humano fue hecho para las piscinas y que el mar es, en esencia, un lugar atroz y aburrido.

La tensión en el auditorio llegó a su límite cuando el conferenciante sugirió que la culpa de la existencia de la toalla recaía en la pasión romana por las saunas, provocando que el público comenzara a abuchearlo por sus disparates.

Al final, la cumbre dejó claro que analizar la micrológica de una tela para bañistas es un camino tortuoso que puede llevar a cualquiera, incluso a un académico, a quedar en ridículo exprés.

Hasta ahora, la toalla no ha emitido ninguna declaración.