La monarquía británica modifica su esquema de vivienda por primera vez desde 1837. Carlos III y Camila abandonan el emblemático palacio para instalarse en la relativa sencillez de Clarence House.

El movimiento llega justo después de una década de reformas en Buckingham. Ahora que el inmueble está listo, la Corona decidió que la mejor utilidad para el edificio no es albergar a la familia real, sino abrirlo más al público.

El palacio pasa de ser una casa a ser un centro de gestión de boletos.

Al final, el rey descubrió que es mucho más rentable cobrar la entrada que pagar la luz.