Los uniformados circulaban por una calle de terracería cerca de la Carretera Transpeninsular cuando el olor característico los alertó. Al parecer, la estructura de malla sombra blanca y negra que cubría el predio de 250 metros cuadrados fue insuficiente para contener la fragancia del negocio.
Desde la puerta de acceso, los oficiales realizaron una inspección visual que bastó para confirmar que no se trataba de un huerto de hortalizas. En el lugar encontraron bolsas de polietileno con plántulas de 10 centímetros recién germinadas y, al fondo, plantas con un desarrollo considerablemente mayor.
Para mantener la producción, el sitio contaba con un contenedor de mil litros de agua. El despliegue de plantas en distintas etapas de crecimiento sugiere que el dueño buscaba una cosecha continua y escalonada.
El predio también incluía un área de descanso equipada con mesa, utensilios de cocina, un garrafón, una maleta, un colchón y un sillón. A pesar de la comodidad del mobiliario, no se encontró a ninguna persona al momento del operativo.
El caso fue turnado al Ministerio Público Federal para solicitar la orden de cateo correspondiente. Mientras tanto, en el estado vecino de California el consumo y la venta son legales, pero en el lado mexicano la malla sombra sigue siendo el único filtro disponible.
La malla sombra no sirvió para nada.