El problema es simple: el Ozempic funciona demasiado bien. Quienes lo usan para reducir tallas terminan con el abdomen plano, pero también con pechos y glúteos que desaparecieron en el proceso. Como ya no hay tejido adiposo que succionar de la panza para moverlo a las nalgas, los cirujanos en Estados Unidos están ofreciendo una alternativa más "externa".
Se trata de productos como AlloClae y Renuva, que consisten en una matriz de tejido adiposo procesado. En lenguaje ciudadano: grasa de donantes de órganos fallecidos que ha sido esterilizada y purificada para eliminar el ADN y cualquier célula viva que pudiera causar un rechazo.
La doctora Melissa Doft, cirujana plástica de Nueva York, explicó al Guardian que los pacientes quieren las piernas y la panza flacas, pero los pechos llenos. El detalle es que, al estar tan delgados, ya no tienen material propio para la transferencia.
Para quienes pueden pagar el tratamiento, que oscila entre los 5,000 y los 45,000 dólares —y en algunos casos llega a los 100,000—, el origen del material es un detalle menor. Según la doctora Haideh Hirmand, la mayoría de los clientes ni siquiera se sienten perturbados por la procedencia de la grasa; les importa más que el procedimiento es rápido y no requiere anestesia ni recuperación.
Aunque el uso comercial de grasa de cadáveres para fines puramente estéticos ha generado debates éticos, la demanda sigue subiendo. Después de todo, es el precio de querer el cuerpo de una modelo y la logística de un banco de órganos.
Para algunos, el riesgo de quedar demasiado flacos se soluciona con un préstamo post mortem.