Sanae Takaichi, la primera ministra, decidió compartir con el mundo que gobernar la tercera economía más grande del planeta es básicamente una lucha contra el insomnio y la ropa sucia. A través de su cuenta de X, la mandataria celebró que, durante el Día del Mar, logró la hazaña de dormir cinco horas seguidas, un lujo comparado con su rutina habitual de dormir entre nada y tres horas.

Takaichi detalló que el flujo interminable de correos y documentos le deja un margen de tiempo privado tan reducido que limpiar el baño y cenar ya cuentan como actividades de ocio. Sin embargo, el punto crítico de su gestión doméstica es la plancha.

La primera ministra confesó que se le da tan mal planchar que pospuso la tarea hasta que se quedó sin prendas interiores que combinar con sus trajes oficiales.

La revelación no cayó bien en el sector político. Toru Kunishige, legislador de la oposición, advirtió que gobernar en ese estado de privación de sueño es similar a conducir el país estando borracha, lo que representa un riesgo ante cualquier crisis. Otros críticos fueron más directos y señalaron que el trabajo de una primera ministra es definir políticas públicas, no pelearse con la lavadora.

El episodio reabrió la herida del karoshi o muerte por exceso de trabajo, una plaga en Japón que el propio gobierno ha intentado combatir promoviendo semanas laborales más cortas. Mientras el Ministerio de Salud reporta miles de muertes por estrés laboral, la mandataria decidió que el camino al éxito es el agotamiento extremo y la ropa interior arrugada.

Hasta ahora, la plancha sigue ganando la batalla.