Nata Calpurnia, abogada y comediante de La Paz, pasó un mes presentándose en escenarios de Buenos Aires. Entre rutinas de stand up y pizzerías abiertas hasta tarde, la artista notó que el prejuicio tiene un sistema de clasificación bastante simplificado.
En un video grabado frente a unos cajones de verdura, Calpurnia explicó que no hace falta que le cuenten sobre el racismo porque ya lo vivió en ambos lados de la frontera. El resultado es el mismo: no importa de dónde venga, para el prejuicioso siempre es de Puno.
La reflexión llegó justo cuando el mundo digital discutía si Argentina es el país más racista del planeta tras la final del Mundial 2026. Mientras las redes ardían en debates sociológicos, la comediante optó por el pragmatismo del "menú de opciones".
Según Calpurnia, las personas con sus rasgos deben elegir qué tipo de discriminación prefieren. En su caso, se queda con la versión argentina porque, aunque los llamen "bolitas", al menos sienten que son "sus bolitas".
La humorista, que mide 1.78 metros y aprendió a usar la comedia como escudo contra el bullying escolar, también aprovechó su estancia en el Cono Sur para lanzar un dardo político. Afirmó apoyar al presidente Javier Milei solo porque, gracias a él, las políticas laborales de Bolivia ya no son las peores del continente.
Al final, la comediante concluyó que el racismo es un fenómeno tan optimizado que ni siquiera se molesta en revisar el pasaporte.
Todo bien con los peruanos, pero ya basta de que todos los morenos sean de Puno.