Los habitantes de la calle Dolores, en La Habana, celebraron con orgullo un logro sin precedentes: diez horas seguidas de electricidad. Para conseguir este privilegio, los vecinos organizaron una protesta que incluyó el toque de cazuelas y la quema de montones de basura para bloquear la vía, obligando a las autoridades a reaccionar.
Mientras en otras zonas los llamados "alumbrones" duran apenas un par de horas, el método de la combustión de desperdicios resultó ser la estrategia más eficiente para atraer la atención del gobierno.
El caos energético en la isla ha creado un mercado negro de voltios. En el barrio de Calabazar, los vecinos tuvieron que arrestar ellos mismos a dos linieros de la Unión Eléctrica de Cuba (UNE). Los trabajadores fueron sorprendidos en estado de embriaguez, con dinero en efectivo y cajas de cerveza en el vehículo oficial, mientras desviaban la luz hacia negocios privados y mipymes.
La UNE ya reconoció el caso de corrupción y aseguró que se adoptarán las medidas correspondientes conforme a la ley.
La fragilidad del sistema alcanzó niveles cómicos este viernes con la termoeléctrica Antonio Guiteras. La planta, la más grande del país, anunció su entrada en funcionamiento a las 4:54 de la tarde; exactamente 26 minutos después, la empresa informó que estaba fuera de línea nuevamente por un salidero en la caldera.
La efímera conexión fue recibida por los usuarios con humor negro, comparando la duración de la planta con la de un conejo reproduciéndose o la de un ex pareja.
Hasta ahora, quemar la basura es la única forma garantizada de iluminar la casa.