El Departamento de Defensa decidió que la mejor estrategia de seguridad nacional es revisar los niveles de hormonas de sus combatientes. El plan consiste en realizar análisis de testosterona anuales a los soldados de 30 años o más, mientras que los más jóvenes podrán anotarse si sienten que les falta potencia.

Pete Hegseth, quien suele publicar videos haciendo pesas con militares para demostrar su vigor, sostiene que las Fuerzas Armadas bajaron sus estándares para incluir mujeres. Para corregir este desliz, propone que quienes tengan niveles "deficientes" opten por una terapia de reemplazo hormonal.

Según Hegseth, el tratamiento optimizará las capacidades naturales y protegerá la longevidad de los soldados, aunque no presentó ninguna prueba científica para respaldar que el tratamiento los haga vivir más o pelear mejor.

Desde la Universidad Johns Hopkins, la investigadora Adrian Dobs señaló que diagnosticar la falta de testosterona es complejo y que los niveles varían según la hora del día o el estrés físico. Dobs fue clara: la hormona es importante para la masculinización, pero no hace a nadie más inteligente.

El Pentágono no ha explicado qué resultados espera obtener exactamente con un ejército hormonado ni si las mujeres también entrarán en las evaluaciones.

Hasta ahora, no han presentado ningún estudio médico que fundamente la decisión.