El Berkley Grand Complication no es un reloj, es un desafío a la lógica y al espacio. Mientras que para la mayoría de los mortales una "complicación" es que el reloj marque la fecha o tenga alarma, este artefacto de oro blanco de 18 quilates decidió llevar el concepto al extremo.

La pieza fue desarrollada por la división Atelier Cabinotiers de la firma suiza Vacheron Constantin. El proyecto empezó con una meta modesta de 36 complicaciones, pero el cliente y los relojeros se dejaron llevar por el entusiasmo y terminaron metiendo 63 funciones distintas en una caja de apenas dos pulgadas de diámetro.

Para lograr semejante hazaña de saturación, los artesanos tuvieron que amontonar 2,870 componentes mecánicos diminutos. El resultado es un objeto que pesa casi un kilo y que, según Dominique Bernaz, jefe de la división, fue un reto no solo por las funciones, sino por lograr que todas cupieran sin que el reloj tuviera el tamaño de un balón de fútbol.

Entre los caprichos técnicos del dueño destacan un calendario perpetuo hebreo y un cronógrafo de segundos divididos para medir varios eventos al mismo tiempo, ideal para quien tiene el tiempo tan fragmentado que necesita un equipo de ingeniería en el bolsillo.

El precio de la pieza se mantiene bajo confidencialidad, aunque los expertos estiman que el dueño soltó más de 10 millones de dólares por el privilegio de cargar con casi tres mil piezas de metal.

El reloj costó ocho años de trabajo y millones de dólares para asegurar que el dueño nunca más tenga que preguntar qué día es.