El Pato Merlín pasó de ser un ave cualquiera en las calles de la Ciudad de México a convertirse en el "Pato de Hierro" del Atlante. El equipo del pueblo decidió que la mejor estrategia de identidad corporativa para este ciclo era sumar a un anátida con carisma y arrastre digital.

El currículum del ave no se detuvo en el fútbol. Merlín también visitó las oficinas de Netflix Latinoamérica, donde recorrió los pasillos donde se planean las series más vistas de la región, probablemente para sugerir un spin-off sobre su propia vida.

El éxito fue tan fulminante que sus dueños, Carla y su hijo Cristian, tuvieron que correr al Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI). Resulta que varias empresas empezaron a vender productos con la imagen del pato sin pagar regalías, obligando a la familia a registrar legalmente la marca para frenar los abusos comerciales.

Mientras los abogados pelean por los derechos de imagen, el ave mantiene su rutina de estrella. Para evitar que el asfalto caliente de la capital le maltrate las patas, Merlín se desplaza usando calcetines especiales.

El pato ya tiene contratos con el deporte y el streaming, pero sigue esperando que el IMPI le valide el título de propiedad.