Gabriel Pérez, quien opera el teleprompter de Donald Trump desde 2016, aprovechó que tenía el texto frente a sus ojos para jugar al vivo en la plataforma Kalshi. Pérez apostaba específicamente en el mercado de "Menciones", donde los usuarios pagan por adivinar qué frases o palabras exactas soltará el mandatario en sus intervenciones públicas.
Entre sus jugadas más rentables estuvo el discurso del Estado de la Unión de principios de año. El operador no tuvo que analizar tendencias políticas ni estudiar la retórica presidencial; solo tuvo que leer la pantalla y poner el dinero donde el texto ya estaba escrito.
El esquema se cayó cuando Kalshi empezó a exigir que sus usuarios revelaran dónde trabajaban. El equipo de vigilancia de la empresa detectó la actividad sospechosa y remitió las pruebas a la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas.
Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, calificó la situación como "lamentable" y "una vergüenza", asegurando que el gobierno tiene directrices éticas estrictamente rigurosas. Como castigo, Pérez fue enviado a licencia sin goce de sueldo.
El caso ocurre mientras la administración enfrenta críticas por otros beneficios económicos. Según sus propias divulgaciones financieras, Trump ganó 1,200 millones de dólares en negocios de criptomonedas en 2025, incluyendo la venta de monedas "meme" con su propio rostro que posteriormente se desplomaron en valor.
Ante los señalamientos de lucro, Leavitt insistió en que es "absurdo" insinuar que el presidente se beneficia de su cargo.
Al menos el operador sí sabía exactamente qué decir.