La lengua española ha alcanzado un nuevo nivel de eficiencia. Para evitar el esfuerzo físico de pronunciar una frase completa, la Generación Z ha sintetizado el deseo ferviente en tres letras: PEC.

Aunque el término ya tiene hasta su propia página en Wikipedia, existe una guerra civil lingüística entre los puristas del vulgarismo y los pragmáticos. Mientras unos usan el acrónimo por pudor, los defensores de la versión extendida sostienen que decir "PEC" le quita el ritmo y la sorpresa a la expresión original.

El salto de los grupos de WhatsApp a la cultura pública ocurrió en los premios Goya de 2020, cuando la actriz Amaia Romero utilizó la frase con total naturalidad frente a Antonio Banderas. Desde entonces, el término ha sido validado por figuras como Malena Alterio y hasta por Pedro Álvarez de Miranda, quien admitió en el programa La Resistencia que conocía la versión "descafeinada" del acrónimo.

Para los expertos en la materia, no hay una intención física real en la frase, sino una voluntad de convertir una expresión tradicionalmente negativa en un grito de felicidad. Es, en esencia, la evolución del "de puta madre" de los boomers, pero con un enfoque más anatómico.

La Academia puede intentar poner orden, pero los jóvenes ya usan el término para celebrar desde un vuelo barato a Japón hasta un huevo con arroz.

El lenguaje sigue vivo y, aparentemente, prefiere el camino más corto.