La compañía Reflect Orbital ya tiene luz verde para mandar al espacio el Eärendil-1, un artefacto que despliega placas de 18 metros cuadrados para jugar a ser el interruptor del planeta. Según la empresa, el satélite puede ajustar la intensidad del brillo, moviéndose desde la sutileza de una luna llena hasta la intensidad del mediodía, pero en plena madrugada.
El plan es iluminar radios de hasta seis kilómetros cuadrados con una precisión que la compañía califica de sublime. Aunque no han dicho quién pagará el servicio ni cómo se contratará el turno de día nocturno, ya adelantaron que la tecnología servirá para emergencias, catástrofes naturales o para que ciertas placas solares no tengan que descansar.
Asociaciones naturalistas ya pusieron el grito en el cielo por el impacto en los ritmos de vida de plantas y animales, pero la comisión reguladora decidió que esas preocupaciones no eran prioridad.
Si la prueba del primer satélite a 625 kilómetros de altura funciona, Reflect Orbital no piensa quedarse corta: planean llenar la órbita con 50,000 satélites en los próximos nueve años.
Pronto, el sueño profundo será un lujo para quienes no puedan pagar la factura de la luz espacial.