La casa de subastas Sotheby’s cerró la venta del ejemplar de 11 metros de largo, superando cualquier récord previo. El dinosaurio fue rescatado en Dakota del Sur por el grupo Theropoda Expeditions, quienes aprovecharon que en Estados Unidos los fósiles pertenecen al dueño del terreno y no al Estado.

Este vacío legal permite que los dueños de las tierras y las empresas extractoras se repartan las ganancias, dejando a los paleontólogos fuera de la jugada y, probablemente, con ganas de llorar.

El mercado de huesos antiguos ha escalado rápido. En 1997, el T. rex llamado Sue se vendió por 8.3 millones de dólares. Para 2020, el gobierno de Abu Dabi pagó 32 millones por otro ejemplar llamado Stan. El récord más reciente lo tenía Ken Griffin, un multimillonario de fondos de cobertura que soltó 45 millones de dólares por Apex, el Stegosaurus más completo jamás descubierto.

No cualquier dinosaurio sirve para presumir. Los carnívoros son los que más dinero atraen en el mercado privado. Mientras que un Triceratops como Big John alcanzó los 7.7 millones en 2021, un Camptosaurus que estaba completo al 80 por ciento no logró siquiera llegar al millón de dólares en 2023.

Para los científicos, que el patrimonio natural dependa del gusto de los coleccionistas es un problema serio. El incentivo financiero es tan alto que los fósiles terminan en salas privadas en lugar de museos, situación que empeora ahora que el gobierno de Estados Unidos redujo en un 90 por ciento los monumentos nacionales ricos en fósiles.

Al final, el T. rex recuperó la corona como el fósil más caro del mundo.

Gus ya tiene dueño, pero sigue sin saber que es un mueble.