La FIFA descubrió que el VAR tiene un botón mucho más efectivo que el video: una llamada directa desde la Casa Blanca. El delantero de la selección estadounidense, Folarin Balogun, había sido expulsado con tarjeta roja directa tras darle un golpe al defensor bosnio Tarik Muharemovic en dieciseisavos de final.

El castigo era definitivo, hasta que Donald Trump decidió que la sanción era "injusta" y marcó el número de Gianni Infantino. Tras el telefonazo, la comisión de disciplina de la FIFA operó un milagro administrativo y convirtió la expulsión en una suspensión condicional, permitiendo que el atacante jugara los octavos de final.

Balogun confesó que, aunque volvió a la cancha, el ambiente en el equipo era tenso. Según el jugador del AS Mónaco, el ruido externo y el nerviosismo de sus compañeros hicieron que concentrarse fuera una tarea imposible.

La jugada no cayó bien en Europa. La UEFA y la federación belga presentaron protestas formales por la evidente interferencia política en el torneo, pero el daño ya estaba hecho y el delantero ya estaba en la alineación.

Al final, el favor presidencial no sirvió para ganar el partido. Estados Unidos fue goleado 4-1 por Bélgica y quedó fuera del Mundial. Mientras la US Soccer se limitó a decir que se enfocaron en lo deportivo, en el vestuario admitieron que el "perdón extraordinario" rompió cualquier rastro de tranquilidad.

La tarjeta roja desapareció, pero el resultado se quedó.