El Pato Merlín, que ya domina las redes sociales con su playera de la Selección Mexicana y sus calcetines especiales para caminar por la ciudad, encontró un detractor en Poncho de Nigris. Al influencer le parece un absurdo que la conversación pública gire en torno a un animal y sugirió que sus dueños aprovechen el pico de popularidad para hacer caja.
"Lo mejor para esa familia sería vender este pato a un alto valor y que inviertan en ellos mismos", escribió De Nigris en X, advirtiendo que el ave pasará de moda en cuanto termine el torneo.
La estrategia de diversificación de activos propuesta por Poncho no ha caído bien entre sus seguidores, quienes lo tildaron de insensible y envidioso. Sin embargo, el verdadero problema financiero de Merlín no es la inflación, sino el reglamento de la FIFA.
A pesar de que Ricardo Salinas Pliego invitó a los dueños y la familia ya tiene sus boletos para el partido contra Chequia, el pato no podrá entrar al Estadio Ciudad de México. El Código de Conducta de Estadio es tajante: solo pasan animales de servicio, y Merlín, aunque use calcetines y sepa manejar el bullicio urbano, no cumple con los requisitos técnicos de la FIFA.
La dueña del ave, Karla Ivette Gómez, explicó que el animal fue domesticado con arnés para acostumbrarse al movimiento de la ciudad, pero ni el entrenamiento ni la fama bastan para saltarse los protocolos de seguridad y bienestar animal del torneo.
El pato sigue siendo el fenómeno mediático del Mundial, aunque según Poncho de Nigris, ya es hora de liquidar la inversión.