Todo empezó con un reto donde algunas mujeres presumían iPhones viejos y destrozados bajo el lema de que preferían un iPhone 11 roto de un "hombre real" que un 17 Pro intacto de alguien "gay".
Los caballeros no se quedaron atrás y, en un despliegue de masculinidad tecnológica, empezaron a rayar, golpear y atravesar la parte trasera de sus equipos nuevos para que se vieran maltratados.
El sitio de noticias Mash reportó que la fiebre por el daño material ha avanzado sin freno, aunque algunos entusiastas del martillo terminaron dejando sus teléfonos totalmente inservibles.
Mientras los videos acumulan vistas, algunos expertos intentaron advertir que romper el vidrio trasero anula la resistencia al agua y que perforar la batería es, básicamente, fabricar una bomba pequeña en la mano.
Al parecer, el riesgo de explosión es un precio aceptable por no parecer delicados.