El sujeto, cuya estrategia de ocultamiento resultó ser tan fría como el electrodoméstico, fue descubierto por los agentes justo cuando estos llegaban a su domicilio para ejecutar la detención.

El plan de hibernación forzada no sirvió de mucho frente a la ley. El hombre fue sentenciado finalmente a tres años de prisión tras ser hallado culpable de tentativa de asesinato, posesión de drogas y tratos vejatorios.

Al final, el único activo que logró congelar fue su propia libertad.