Para una demanda máxima de 3,100 megavatios, el miércoles se registró un faltante de 2,341 MW. La Unión Eléctrica de Cuba explicó que el récord se debió a que algunas unidades previstas simplemente no entraron en funcionamiento, una justificación tan técnica como el hecho de que el país esté a oscuras.

El panorama para el jueves no es muy distinto, con una previsión de faltante del 71%. Básicamente, la disponibilidad eléctrica en Cuba es ahora un artículo de lujo o un error del sistema.

El éxito de la gestión energética se resume en que 11 de las 16 unidades de las centrales termoeléctricas están paradas por averías o mantenimiento. Entre las ausentes destacan la Antonio Guiteras en Matanzas, la Felton en Holguín y la Renté en Santiago de Cuba, dejando al país en una penumbra casi institucional.

Mientras las autoridades cuentan megavatios que no existen, los ciudadanos cuentan las horas de apagón. En Centro Habana, los reportes hablan de cortes que superaron las 80 horas, mientras que en La Lisa la cifra bajó a unas modestas 40 horas sin electricidad.

El resultado natural de tanta eficiencia ha sido el surgimiento de cacerolazos, basura quemada en las calles y vecinos en chancletas exigiendo respuestas frente a las sedes del Gobierno. En el municipio de Regla, la tensión fue contenida por patrullas de la Policía y agentes uniformados, quienes probablemente tuvieron que hacer su trabajo a ciegas.

El sistema eléctrico nacional ya está conectado, aunque el suministro continuo sea solo un rumor.

Todo funciona a la perfección, siempre y cuando no se necesite encender la luz.