El abogado, que se hace llamar "El Tigre", pasó de representar a imputados por estafas, vínculos paramilitares y al aliado de Maduro, Alex Saab, a sumar casi 13 millones de votos. Logró la victoria con un 49.7%, dejando atrás al senador Iván Cepeda por una diferencia menor a 300 mil votos.
Para llegar a la cima, De la Espriella aplicó la técnica del "estira y cola" regional: tomó la mano dura de Bukele, el patriotismo de Bolsonaro y las ganas de recortar el Estado de Milei, y armó un paquete a la medida del electorado colombiano. De hecho, el abogado admira tanto al presidente de El Salvador que, aunque le gusta su modelo de megacárceles, alguna vez se atrevió a decir que Bukele era "muy blandito".
El ascenso del penalista fue exprés. Entró a la política apenas el año pasado, ganó la primera vuelta en mayo y ahora se perfila para gobernar a partir de agosto. Su estrategia fue simple: presentarse como el outsider que viene a limpiar la "casta" política, mientras mantiene en su equipo al exministro José Manuel Restrepo para que los moderados no se asusten tanto.
La victoria se lee como un plebiscito contra la "paz total" de Gustavo Petro y un deseo de la clase media por un Estado más chico y ciudadanos más armados.
Colombia buscaba una opción nueva y fresca, y encontró a un experto en lavado de dinero.