Cada 13 de julio, mientras en Pamplona se dedican a correr delante de los toros, en la cumbre de Ernaz se lleva a cabo un trámite diplomático mucho más eficiente: el Tributo de las Tres Vacas. En este punto de la frontera, los habitantes del valle francés de Baretous le entregan a los navarros del valle del Roncal tres reses que deben coincidir en pelaje, dentaje y astaje.

El acuerdo es, técnicamente, el tratado internacional más antiguo de Europa que sigue en pie. Su origen es el clásico ejemplo de "la regaste la regaste": en el siglo II a.C., los baretoneses ayudaron a unos invasores germanos a entrar en España para destruir todo a su paso. Cuando los invasores se fueron, los roncaleses decidieron que la mejor forma de perdonar el favor fue exigir un pago anual perpetuo en vacas.

La disciplina francesa con el pago ha sido impecable. Ni siquiera Napoleón III, que consideraba el acto una humillación para la República, pudo convencer a los locales de dejar de entregar el ganado; los baretoneses prefirieron seguir pagando que arruinar la buena vecindad.

El historial de pagos solo tiene dos baches. El primero fue una riña por el agua en el siglo XIV y el segundo ocurrió en 1944, cuando los nazis impidieron que los franceses llegaran a la cita por miedo a que desertaran hacia España. Para compensar la falta, los baretoneses tuvieron que añadir una vaca extra en los años siguientes, demostrando que el miedo a los navarros es más fuerte que el miedo a la ocupación alemana.

La ceremonia es estrictamente burocrática. El alcalde de Isaba pregunta tres veces si están dispuestos a pagar, los franceses responden que sí y, tras poner las manos sobre el mojón que delimita ambos países, gritan "¡Pax avant!" para asegurar que nadie se agarre a golpes.

Hasta hoy, el acuerdo ha costado cerca de 1,900 vacas.