El cuerpo técnico de Francia, encabezado por Didier Deschamps, decidió aplicar la lógica del anfitrión. Tras enterarse de que la FIFA revocó la tarjeta roja del estadounidense Folarin Balogun —en un movimiento que muchos atribuyen a una llamada telefónica de Donald Trump—, los galos pidieron el mismo trato preferencial para su jugador.

El objetivo es limpiar el expediente de Olise, quien quedó condicionado tras el partido contra Paraguay. Si el futbolista ve otra amarilla frente a Marruecos, se perdería una hipotética semifinal, un riesgo que Francia no está dispuesta a correr ahora que sabe que las reglas son sugerencias para quien tiene el teléfono del presidente.

Bélgica también se quejó, principalmente porque tiene que enfrentar a Estados Unidos en octavos de final y no le hace gracia que el rival juegue con el reglamento editado.

Ante el escándalo, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, salió a explicar que es muy normal recibir llamadas de jefes de Estado y que él simplemente defendió el "proceso legal" mientras hablaba con Trump. Según Infantino, así es como funciona el sistema de la FIFA y es un principio que defenderá a muerte.

Francia ahora espera que ese mismo principio de flexibilidad se extienda a sus tarjetas amarillas.

Si el teléfono de Trump borra rojas, el de Deschamps debería borrar amarillas.