Los planetas orbitan una estrella a unos 1,110 años luz de distancia, en la constelación de Volans. Aunque tienen el volumen de un gigante gaseoso, su densidad es tan ridículamente baja que George Dransfield, de la Universidad de Oxford, los comparó con un "montoncito de espuma de afeitar recién salida del bote".
Estos mundos, apodados "super-puffs", son una rareza cósmica. De los casi 6,300 planetas confirmados por la NASA, menos de 40 entran en esta categoría de peso pluma. Según los investigadores, se forman en discos de gas y polvo donde el gas domina la escena, para luego ir perdiendo material con el tiempo hasta quedar convertidos en una especie de pompa espacial.
Para que se entienda la desproporción, Júpiter es hasta 35 veces más denso que estos dos especímenes. Dransfield sospecha que los planetas podrían ser blancos o azules, dependiendo de qué tan nublado esté el cielo, aunque aclaró que no esperen el color rosa del algodón de azúcar.
La composición exacta, que probablemente sea hidrógeno y helio, quedó pendiente de confirmación por parte del telescopio James Webb. Mientras tanto, el hallazgo sirve para "añadir piezas al rompecabezas de la formación planetaria", según el equipo que publicó los datos en la Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.
Básicamente, el universo se tomó la molestia de crear dos planetas gigantes que podrías soplar y mandar a volar.