El actor se dio cuenta de este giro histórico mientras promocionaba una película sobre un navegante portugués. En una charla con el diario El País, el artista confesó que antes existía la idea de que para entrar en la política se requería ser una persona ilustrada, pero que desgraciadamente esa exigencia se deshizo rápidamente.
Según el actor, el sistema democrático de Estados Unidos es el principal culpable de que los políticos actuales hayan perdido el brillo intelectual. De hecho, señaló que resulta increíble que figuras como el Papa o el Rey resulten hoy más sofisticadas, sensatas e interesantes que quienes ocupan los cargos públicos.
Mientras analizaba cómo desmitificar figuras históricas y quitarles el barniz político, el actor aprovechó para lamentar el triunfo de la política electorera. Para él, la sofisticación ya no es un requisito del puesto, sino un lujo que se quedó en el pasado.
Al final, el actor concluyó que es más fácil navegar aguas turbias que encontrar a un político que haya leído un libro.