El proyecto nace de una limitación técnica: los investigadores ya habían logrado convertir a los insectos en drones controlados remotamente mediante electrodos, pero los bichos no se llevan bien con el agua. Para solucionar este "grave" problema, el profesor Hirotaka Sato y su equipo crearon un traje de resina que suministra oxígeno directamente a los espiráculos del insecto.

El equipo no usa un tanque convencional, sino una mezcla de peróxido de hidrógeno y dióxido de manganeso que genera el aire necesario. Gracias a este invento, las cucarachas pueden operar bajo el agua hasta por tres horas, moviéndose a una velocidad de 78.4 milímetros por segundo.

Según el profesor Sato, expandir los parámetros de sus insectos cyborg permitirá mejorar las labores de búsqueda y rescate en zonas inundadas. De hecho, los bichos ya participaron en la "Operación Lionheart" tras el terremoto de Myanmar en 2025.

Sin embargo, la ambición del equipo no se detiene en las inundaciones terrestres. Los científicos sueñan con que sus cucarachas buceadoras ayuden algún día a explorar la superficie de Marte.

Hasta ahora, la cucaracha es el único ser vivo que ya tiene el equipo completo para sobrevivir al apocalipsis.